1 de Abril 2020
7.41 am otra vez el dolor de cabeza…menuda racha, tengo ganas de que llegue el buen tiempo, para que mejoren. No hay ningún gato en mi cama, que raro… Voy a la cocina y pongo la leche a calentar. Me dirijo al baño y aparecen todos a la vez por el pasillo. Muy acompañada en mi primer pipi… Me lavo la cara, hoy tengo cara de muy cansada. Recojo el pelo bien, parezco una loca con esas greñas.
Saco a Marita y lo remuevo con la leche de avena. Pongo las noticias, me siento en el salón mientras me tomo el café. Muchos casos y nada claro. Pienso que aun no tengo noticias del trabajo, mientras comentan lo de los ertes en la tele.
Leo el whatsapp, Juanje me recuerda que mañana es el día del autismo, esta muy atento últimamente. Le doy los buenos días a Javier, no esta en sus mejores momentos, me pongo en su puesto y me emociono. Hay mil whatsapps de Vietnamita y Soleres, no paran ni un momento.
Hoy saco a Issis, tiene ganas de juego, juego un poquillo con ella y la cuerda. La dejo en casa y despierto a los niños, preparo el desayuno y les digo que voy a ir al mecado cuando saque a Dino.
Mi hermana esta muy rara por el interfono, así que subo, colega que flaca está y esos pelos. Le digo que entre a la ducha y salga un rato a la terraza, hoy saldrá el sol. Necesita calle y sol.
Doy dos vueltas para poder aparcar en el mercado y el banco.Veo una cola horrible para entrar en el banco. Creo que lo dejaré para otro día. Me gusta tanto entrar al mercado, hoy no está Tomas, me atiende su hijo. Pido primero todo lo de mi madre y luego lo mio. Me pasa el teléfono de su padre, para pedir lo que necesite para el próximo día, así no tendré que esperar, puedo dejar el coche en la zona reservada para recoger pedidos y así no busco aparcamiento. Es una idea buenísima. llega su padre y nos saludamos desde lejos, me pregunta por los niños, se acuerda mucho de ellos. Cuando vivía en el centro, ellos bajaban a por el almuerzo solos todos los días. Me pregunta si Daniel sigue tan selectivo y le contesto que igual o mas aún. Se habrá agudizado con el paso de los años. Guardo buenos recuerdos de vivir en el centro, de la cercanía de los vecinos, de los trabajadores del mercado, cafeterías y el súper… de ver disfrutar a mis hijos en el centro y de verme disfrutar yo en aquella época. Todo muy intenso, todo muy bonito…
Me encantaba quedar con la Tribu los domingos en De Bassus, tomarte la cerveza en la terraza mientras los niños jugaban con los amigos en la plaza de las flores, al salir de la misa de las comuniones. Poder bajar a cualquier hora y sentirte bien por ese murmullo de la ciudad. Las campanas de la basílica de Santa María y de Calendura, sentir las palmeras mas cerca que nunca, correr por nuestro pulmón… Siempre he dicho que si pudiese volvería a vivir en el centro. Retomaría una vida nueva desde allí, donde fui tan feliz.
Al llegar a casa recojo la compra y ultimo unas cuantas tareas de los niños. Me lleno una copa de vino y cojo el libro y los auriculares. Ha salido un poco el sol y me apetece estar en el balcón. Los niños salen cuando terminan sus tareas, en cierto modo les obligo que salgan a que les de un poco el sol. Cada día están mas pajizos. Alex me abraza. A pesar de ser muy individual de vez en cuando tiene esos detalles. Es todo un hombre, ese pequeño que tanto me hizo llorar cuando nació y nadie apostaba por el. Se le veía tan pequeño y endeble dentro de la UCI. Ese niño que siempre fue por detrás en el desarrollo con todos sus compañeros. Y hoy es un tiarrón, ya mas alto que nosotros y con ese cuerpo. Da tanto gusto cuando te coge y te achucha…
La tarde se mueve entre series, juegos y una manualidad que hemos preparado para poner en el balcón por el día del autismo.
Después de los aplausos me conecto a mi clase de taichi. Me deja como una balsa, creo que influye mucho la voz del maestro, he probado en otros sitios y nada me deja como el. Es una voz bonita y penetrante, consigue fundirse entre los movimientos y la música, llevándome a mi al mismo estado. Agradezco tanto a Marga que me llevase allí. Me viene muy bien, es mi momento de escape total.
La cena va con risas, ya que Daniel entró un par de veces a la habitación y me vió hacer taichi. El comenta que algo tan lento es capaz de hacerle sudar tanto a el. En realidad es que no solo hago taichi, también chikung y eso si lo haces bien ejercita todos los músculos y consigues llegar a sudar de tanta repetición. Daniel dice que le cansa mucho y que no es para el. Andrea quiere aprender y la invito a la próxima sesión.
Después de recogerlo todo, me entro a mi dormitorio, me apetece leer un rato.
Hoy me quedo con las sensaciones que me provoca la sesión de taichi…

